
1565 – 1624
AL QUE MADRUGA DIOS LE AYUDA….!
Unos pasos menudos y presurosos suenan sobre la acera. Las campanas de Los Remedios dan el penúltimo toque llamando a la Eucaristía, y una jovencita madrugadora se encamina al Convento Grande de los Padres de la Merced, a María Ana le gusta llegar a tiempo y recogerse unos instantes ante el Señor de los señores y, como no, hablar con la Virgen de Los Remedios que se venera en el convento mercedario, imagen pequeña y de gran belleza que María Ana bautizó como «La Pequeñina».
Allí, en los Remedios, el desaparecido convento de La Merced, que ocupaba la plaza que lleva hoy el nombre del mercedario Tirso de Molina, gloria del Siglo de Oro, pasaba María Ana largas horas ante el Sagrario y ante su Madre Nuestra Señora a quién se consagró desde muy pequeña por haber perdido la suya a los 9 años, y María de la Merced la cuidó y regaló tanto que la hizo su hija. También en este convento de Los Remedios recibió formación teológica y teniendo en cuenta que era llamado la Universidad mercedaria, podemos considerar que dicha formación era muy buena para la época. María Ana fue hija de La Merced, Orden en la que profesó como terciaria, no sin antes salvar una fuerte oposición familiar.
Pero no corramos demasiado.
María Ana nació en Madrid en 1565 siendo bautizada en la Parroquia de Santiago con el nombre de María Ana, aunque en su casa afectuosamente la llamaban Marianita, quizá como diminutivo cariñoso, o quizá porque nació el día de San Mariano; esto ha dado lugar a alguna confusión. En su Acta de Bautismo aparece como María Ana, se entiende que sus hermanos de Orden utilicen con frecuencia el diminutivo familiar, por eso en el retablo dedicado a ella en el Convento de Alarcón aparce como Mariana, pero en las calles y plazas que el Ayuntamiento de Madrid le dedicó, leemos su nombre tal y como aparece en el Acta de Bautismo: María Ana.
Fue Mariana según sus biográfos, una niña inteligente, dulce y de pronta sonrisa, cualidades que la acompañarán toda su vida. Estos nos hablan de una mujer de complexión menuda, no espectacularmente bella, pero de gran atractivo, podemos decir que su encanto emanaba de su interior lleno de gracia, y esa gracia era, como dice el cuplé, su primer don que se escapaba en el mirar de sus ojos. ¿Eran azules los de Mariana como canta la copla? No lo sabemos, pero los que si es seguro es que reflejaban el azul del cielo de Madrid, y aquella madrileña, humilde hija de la Merced, estaba destinada a ser co-patrona de la Villa y Corte.
Sus biógrafos la denominaron: embajadora de Madrid; azucena de Madrid; corona de Madrid; y es que el 17 de enero de 1565 en el olivo de Nolasco floreció una estrella que iluminó nuestro cielo, era María Ana de Jesús en el cielo de Madrid.
Estrella de Madrid,
blanca azucena
que del Señor de los hombres
viviste enamorada,
oye María Ana, la plegaria llena
de amor, que hoy ante ti eleva
tu ciudad postrada.
llena de Luz de Dios nuestros hogares,
nuestras vidas, cuando
la oscuridad quiera quebrarlas.
Mira, que como en Emaús
tenemos miedo, porque anochece,
y si el Señor no viene, sólo nos queda
la soledad del alma, del vacío,
del hacer sin sentido, de la nada.
Si no sabemos mantener el rescoldo divino
y compartir un Pan y un Pez sobre unas brasas,
¿qué será de nosotros?
Pídele a Dios que nos de fuerza
para ser tus testigos.
Que como tú seamos regalo de Merced
para los pobres, satisfacción para
la necesidad que nos aguarda.
Que tu luz no se apague
no permitamos que se olvide ese tesoro.
Madrid guarda un tesoro,
es una Estrella,
Luz de la Villa y Corte,
Estrella de Madrid,
se llama María Ana.
EL MADRID DE SU INFANCIA
Ya hemos dicho que Mariana fue bautizada en la Iglesia de Santiago donde se conserva una preciosa escultura atribuida a Julián Sanmartín. También en una calle, la de Santiago, en el actual número 2 hay una placa conmemorativa donde se dice que en la casa anterior a la actual, vivió Mariana Navarro, casa que hace esquina con la Calle Espejo. Entorno que de niña recorrió jugando con sus vecinos, donde muy cerca de su casa nació Lope de Vega, con el que probablemente jugó. En este mismo entorno vivió Pérez Montalbán y murió Calderón de la Barca, pero sus juegos tuvo que simultanearlos con el cuidado de sus hermanos por haber muerto su madre muy pronto y aunque su padre contrajo matrimonio en segundas nupcias, eran catorce hijos los que había y eran muchos los cuidados que necesitarían.
Mariana vivió siempre en Madrid, salvo un corto periodo de vida con su familia de Valladolid a donde es llevada la Corte durante cinco años, por ser su padre funcionario de la misma, peletero del Rey.
Nos dicen que su adolescencia Mariana era atractiva y ella misma en la biografía que le ordena escribir su confesor, deja entrever que tuvo una cierta presunción, por ello su padre y su madrastra, planearon un matrimonio de conveniencia, siendo ella ya una joven, y que parece en un principio que Mariana no vio mal, pero sintiendo la llamada de Dios, cortó aquella relación rompiendo con el pretendiente, quien cayó en una enfermedad mental. Sus padres intentaron convencerla, pero Mariana se sentía toda de Dios y no sirvieron los halagos, ni severidad, ni castigos y fue tan fuerte su voluntad que terminó por convencerlos, ¡qué fuerza tiene el ser humano cuando Dios es el centro de su vida!
SU VIVIR DÍA A DÍA
Su vida era tan sencilla y austera y su devoción a la Pasión de Jesús tan grande que nuestra pequeñez nos impide imitarla. Tales fueron las penitencias que realizó.
Asombra lo que nos refieren que hizo cuando su familia quiso casarla, ella fue capaz de desfigurar su rostro para que su apariencia no fuera atractiva porque quería ser como Cristo crucificado. Por lo que vivió con el Señor la narración de la Escritura:
«Maltratado, deshecho de los hombres,
pero fue Él el que cargó con los pecados…»
¿Por qué hacía una penitencia tan grande Mariana de Jesús?
El amor es un misterio y el mas grande misterio es el de la Cruz.
Mariana quiso cargar con Su Cruz y acompañarlo en Su Calvario. Quiso unirse a su dolor con su corona de espinas, con sus Clavos.

Se la representa con frecuencia, con la cruz entre sus brazos, también con la corona de espinas ciñendo su frente o incluso en éxtasis con los clavos en sus manos.
Ella sufrió con total entrega su dura enfermedad padeciendo grandes dolores que la fueron deformando, llevándola casi al borde de la muerte. Jamás se quejó dando siempre gracias a Dios que le hacía partícipe de su cruz, y cuando su salud mejoraba, ella misma se imponía privaciones de comida y de comodidades, pidiendo al Señor compartir su dolor, frecuentemente usaba cilicio y disciplinas, llegando a manchar de sangre las paredes de su alcoba y era muy frecuente que llevara sobre su pecho una corona de espinas. Era así como ella quería compartir el dolor de la cruz y acompañar al Señor en su pasión.
Blanca azucena, de dolor transida,
miras al Redentor, de clavos lacerado
retiras con sus manos su corona de espinas,
que ciñes, a tus sienes, para que Él sea aliviado.
Todo el dolor del mundo,
recogiste a los pies de la cruz
y se tiñó de sangre tu álveo hábito blanco
sangre de un voto martirial, que dio la vida
desde tu corazón siempre callado.
Si martirio es amar hasta el extremo
tú te entregaste a Dios y a los hermanos
y ofreciste sin medida cada quehacer
cada instante de tu vida,
teniendo para todos, una palabra,
tu tiempo, tu sonrisa, dándoles tus cuidados.
Nunca para ti pasó una pena inadvertida
ni un enfermo sin consuelo abandonado;
los poderosos pedían tus consejos,
los pobres y pequeños recibieron tu cariño,
a todos cobijaste a tu lado.
Mariana, de todo cautiverio líbranos hoy y siempre,
no nos dejes, tu Madrid te lo pide,
te lo pedimos todos los que te amamos,
Mariana de Jesús, se por nosotros
cálido corazón para el hermano.
Nosotros no podemos hacer sus grandes penitencias, pero si podemos imitar su oración, sentir el amor a Dios y acercarnos a Él como ella lo hizo por medio de María de la Merced, Madre de Misericordia.
Ojalá aprendamos a poner en Dios, aquella total confianza que sólo los santos saben depositar en Él.
EL TIEMPO ES NOTICIA
La fe es capaz de trasladar montañas. Mariana arrancó del corazón de Dios cuando le pedía, por eso Madrid acude siempre a ella para beber en la fuente de agua de su vida, como bebieron antaño del agua recibida por su oración en un momento en que Madrid padeció una gran sequía tan prolongada que repercutió en al economía de los pobres. No había cosechas y al tiempo que Mariana comenzaba su oración, comenzó a llover, pero no fue suficiente, entonces Mariana se acercó al Sagrario y con el total abandono de una hija dijo al Señor; «Pero, ¿no ves que nos es bastante?» Y llovió más.
Otras grandes sequías de las que nos hablan sus biógrafos son las que experimentaron las dos Castillas en el año 1613 y en el tórrido verano de 1623, llegando a faltar los alimentos. De nuevo Mariana es oída por el Señor. En este momento una de sus hermanas padecía grandes goteras en su aposento, por lo que imploró a Mariana que no rogase más, y nuestra Santa con su natural gracejo le dijo: «Pero ¿es que no puede el Señor enviar la lluvia sin que llueva en vuestra casa?» Y así fue.
Hoy también sentimos sed. Nuestra sociedad está asolada por la sequía, pero no material, tenemos sed de Dios, ella tiene que interceder por nosotros como rogaba por los cautivos que llegaban a la antigua Puerta de Alcalá y, como a ellos, tiene que conducirnos por el camino de la libertad.
Desde la antigua Puerta de Alcalá
que un monarca ilustrado derribó,
tú guardabas con Isidro y María de la Cabeza,
la Villa y Corte,
el Madrid que naciste, aquel Madrid que amaste
y que te amó.
Por esa puerta, bajo el amparo
de la Madre Redentora
y de Nolasco Fundador,
pasaban liberados los cautivos,
los frailes mercedarios, pasaba el pueblo
a contemplarte en oración.
Una calle que Libertad se llama,
nos recuerda la hazaña
que tu Orden mercedaria realizó
desde el siglo XIII al XVIII
en que materialmente cesó la Redención.
Hoy nosotros cautivos de lacras y miserias
a ti acudimos a templar el corazón.
Acércanos a Cristo,
haz que seamos de nuevo redentores
de cuántas cadenas nos atan y esclavizan
y nos impiden ver a Dios.
María Ana de Jesús, Jesús de María Ana,
sabiduría profunda de encuentro y donación,
de Dios, que a ti te lo dio todo,
de ti que toda a Él te entregaste por amor.
María Ana, no queremos olvidarte.
Si el pueblo de Madrid te hizo con San Isidro,
su patrona
y te beatificó
haz que el Pueblo y tu Orden
paguemos nuestra deuda
porque aún te debemos la Canonización.
¿Sonríes? Ya se, Dios no lo necesita,
Tú tampoco
solo nosotros, los pobres, los enfermos, los ancianos,
los niños sin familia, los que no conocieron el amor,
los que la fe perdieron
y el corazón de Madrid, que quizá te olvidó
TRABAJADORA INCANSABLE
En el mapa de Madrid de su tiempo, la preocupación de María Ana por el bien de sus conciudadanos, dejó su impronta en muchos edificios. También se preocupó del pan material recorriendo las calles, recogiendo lo que las familias nobles y acomodadas le daban para los necesitados, entregando incluso su propio sustento, por lo que su compañera Catalina de Cristo, la increpaba diciendo que no tenía bastante para ellas mismas y hacía llegar a su humilde mesa a los pobres que iba encontrando en el camino. Mariana entonces le decía, «no temas, ángel mío, que ha de llegarnos» y más de una vez creció el potaje en la cazuela. Pero no sólo de pan vive el hombre, el bien espiritual de sus conciudadanos era su principal preocupación, también la vida religiosa, así influyó en la realización de muchos monasterios del barroco madrileño, alguno de estos conventos ya desaparecidos, como el de Santa Bárbara, también el de las Jerónimas del Corpus Christi fundado por una amiga de Mariana, la Condesa de Castelar, el de las Mercedarias de Alarcón, el convento carmelita de las Maravillas o el de la Inmaculada Concepción de Góngora, entre otros, son prueba de ello.
Para atender a los demás no limitó jamás su tiempo, puede decirse que el día no tenía horas, recorriendo las calles de Madrid, se convertía en pobre de solemnidad pidiendo limosna para los pobres, algo que sabemos le costaba enormemente, pero que ella realizaba con todo empeño. Esto hacía que en ocasiones llegase tarde a la casita del huerto de Santa Bárbara donde, su compañera Catalina de Cristo, la esperaba muy airada llamándole la atención y en ocasiones no abriéndole la puerta o maltratándola. Mariana siempre respondía con comprensión continuado su jornada en la noche con la oración.
La afluencia de gentes a la humilde casa de Mariana, era tanta que llegó un momento que no tenía libertad para hacer la oración por lo que pensó en trasladarse a Ribas para tener un mayor recogimiento. Madrid le debe mucho, sus gentes humildes, sus conventos, sus instituciones.
UN EMPEÑO DE LA VILLA Y CORTE
Los madrileños querían la canonización de Isidro Labrador y uno de los interesados era el propio Rey Felipe III quien atribuía su curación a nuestro Patrono. En aquel momento el Papa Gregorio XV, era reacio a las canonizaciones, pero los madrileños insistían y el Rey decidió enviar a Roma al Regidor perpetuo de Madrid, Caballero de Santiago Don Diego Barrionuevo y Peralta. Este embajador extraordinario, conociendo la postura del Papa, tenía gran temor y además su mujer, doña Isabel de Avendaño, no deseaba viajar a Roma por su estado de salud apoyándose de que era una causa casi imposible. Don Diego no podía desobedecer al Rey, pero en su fuero interno no quería hacer aquel viaje pensando que su embajada iba a ser objeto de una gran frustración. Mariana, sabiendo de sus temores, va a darles ánimos y le promete que volverán de Roma con el Decreto de Canonización y Doña Isabel curada. Tales predicciones se cumplieron firmándose dicho Decreto el 12 de marzo de 1622. El Papa, entonces, dijo a Don Diego: merecéis una estatua por vuestro empeño. Pero en la Villa y Corte, una sencilla mercedaria descalza, hacía oración día y noche. Isidro tenía que ser un santo para bien de Madrid y para gloria de Dios. Ella si, merecía una estatua.
Pasado el tiempo Isidro y Mariana iban a ser honrados por este pueblo en la antigua puerta barroca de Alcalá, puerta demolida por el Monarca Carlos III, para levantar la actual. La hemeroteca de Madrid guarda un bello grabado donde aparece dicha puerta. En uno de sus lados puede verse a San Isidro y a Santa María de la Cabeza, en el oponente la Virgen de la Merced, San Ramón Nonato y Mariana de Jesús. Al pie del mismo en una inscripción se recoge que por allí paso San Pedro Nolasco con los cautivos, puede ser que dicha puerta se levantase en su memoria, pero lo que es seguro es que sus hijos, los mercedarios, pasaban bajo este arco llevando a los cautivos redimidos hacia uno de los conventos cercanos para dar gracias a Dios, hecho que debió repetirse hasta el siglo XWIII cuando se efectuó la última redención material.
Mariana no fue a tierra musulmana, como tampoco iban las monjas de la Orden, pero ella con su oración y servicio, fue redentora de una y mil lacras que tenía alrededor.
Todo Madrid decía con frecuencia: «vamos a ver a la santa» y caminaban al convento de Santa Bárbara. Después de este encuentro, y según nos narran en el proceso de Beatificación, cambiaba la panorámica de sus vidas.
SU HUMILDAD ERA MUCHA
Mariana era querida por todos, desde los reyes hasta las gentes más sencillas, tratando a todos con infinita entrega y acogida. Nos cuentan sus biógrafos que iba con frecuencia a palacio llamada por Isabel de Borbón para compartir confidencias o acompañarla a las Descalzas Reales. Con esta reina le unió una gran amistad y cuentan que, saliendo de los aposentos regios, se encontró con Felipe IV y su hermano el Cardenal Infante. El Cardenal al verla, dejó al rey, corrió hacía Mariana y la abrazó. El Rey entonces preguntó quién era y rompiendo todo protocolo se acerco a ella. Mariana no se atrevió a retirarse, pero quedó tan apurada con aquella honra, como otros quedarían con una afrenta.
También el Infante Fernando, hijo del Felipe III y de Margarita de Austria, puso de nombre Mariana a su hija por lo que admiraba a esta humilde mujer.
Es curioso que la personalidad de Mariana despertaba una gran admiración, pero sobre todo en los hombres que la trataron, admiraron y veneraron como santa, así le unió una gran amistad con el Cardenal Trejo y Paniagua, Don Pablo de los Ríos y Zúñiga, Don Luis de Zárate, Don Juan de Moncada, Don Diego de Toledo y Guzmán y una lista interminable que declararon en el `proceso de beatificación.
Y si el Cardenal Trejo y Paniagua merece especial mención entre los varones,destacan entre sus amigas Doña Elvira Manrique de Lara. Todos estos personajes, la Reina Margarita de Austria, Isabel de Borbón, la Duquesa de Frías, la del Infantado, la de Castelar, etc. se aconsejaban de ella igual que las sirvientas, doncellas, discípulas y devotas.

EL MADRID QUE TANTO AMÓ
Es una realidad el amor de Madrid a Mariana de Jesús que ella correspondió siempre y que se demuestra con hechos y obras. Federico Sáez de Robles en su obra «Madrid, crónica y guía de una ciudad sin par» dice que Mariana de Jesús y Lope de Vega inventaron la frase «¡de Madrid al cielo!». Lo cierto es que Mariana nace en Madrid, es bautizada en la ciudad, en ella trabaja, se santifica, hace milagros y muere.
Se diría que los 59 años de su vida fueron una continua realización de consejos, curaciones, milagros y auxilios de toda clase, como señalan todos sus biógrafos.
LE GUSTABAN LAS FLORES
Nuestra querida Mariana sentía un amor especial por los niños y la naturaleza, sobre todo por las flores, quizá porque éstas son un canto maravilloso de la creación. Siempre tenía el Sagrario rodeado de ellas. En una ocasión, el duro invierno de Madrid había cubierto la capital de un blanco manto de nieve, árboles y plantas se presentaban totalmente desnudos. Mariana quiere flores para el Sagrario y se lo comenta a su compañera Catalina de Cristo diciéndole que saldrá a recoger unas flores para el Señor. Catalina la amonesta por lo que considera una necedad, pero nuestra Santa sale al jardín y regresa con un precioso manojo de rosas entre sus manos que puso de inmediato junto al Sagrario.
Ella es para todos nosotros, ejemplo de fe profunda; y es bien cierto que la fe mueve montañas.
¿Y qué decir de su ternura con los niños? Si a las flores las acariciaba, dialogaba con ellas y las hizo brotar milagrosamente, con los niños multiplicaba sus atenciones. Si recorriésemos las parroquias de Madrid, quedaríamos perplejos ya que Mariana fue madrina de un elevado número de madrileños, alguno de ellos muy ilustres como don Antonio Álvarez de Toledo y Baumont, VII Duque de Alba nacido en 1615, o de un hijo de los Marqueses de La Laguna, pero de todos estos personajes que recogió Álvarez de Baena, en los libros de bautizos de las parroquias madrileñas, hay otros niños, hijos de gentes del pueblo, menestrales, criados, funcionarios, etc. que tienen por madrina a Mariana de Jesús de tal forma que unos de sus grandes biógrafos, P. Gómez Domínguez, hace relación de este hecho con el Auto Sacramental de Tirso de Molina «La madrina del cielo».
LARGAS HORAS DE ORACIÓN
Dicen que «de la abundancia del corazón habla la boca» Mariana de Jesús no era iletrada, recibió una formación profunda en el citado convento mercedario de Los Remedios, de esta universidad del espirítu y sus confesores, todos ellos con fama de santidad, recibió una sólida preparación que modeló su personalidad, pero la profunda sabiduría de esta mujer, está tomada de la fuente de toda gracia: El Sagrario. Ante él pasaba largas horas, generalmente de la noche, cuando por fin abandonaban su casita las gentes que la visitaban, solicitando su ayuda y sus consejos. De su tiempo nunca reservó nada para ella. Sus conocimientos, sus escasísimos bienes y su persona, fueron siempre para los demás. Sus largas horas de oración ante el Sagrario, la fueron conformando a Aquel que por amor permanece con nosotros. Con Él dialogaba, se abandonaba totalmente, siguiendo siempre los que el Señor le decía a su corazón. Tuvo frecuentes visiones que si sabemos hoy de ellas es porque su confesor la obligó a escribir su vida, a través de sus escritos conocemos también su sensibilidad poética. Ante el Sagrario aprendió a hacerse instrumento de donación sintiendo la necesidad de entregarse a sus hermanos y saciar el hambre material y espiritual de los que la rodeaban.
Y ella nos contagia ese amor
que la hizo donación para todos
«Alrededor de tu mesa
sacia, Señor nuestra hambre,
que podamos recoger
en canastos lo sobrante
y repartirlo a los hombres.
Que convoquemos a todos+
y todos puedan sentarse
en ese banquete grande,
al que Tú invitas al mundo
en el caer de la tarde.
Cuando las sombras
se acercan
y el miedo nos hace cobardes.
Señor del tiempo y del mundo,
¡Quédate junto a nosotros
y danos tu Cuerpo y Sangre
Pues sólo Tú eres la Vida,
sólo Tú sacias el hambre.
Quédate ahora,
al comienzo de la noche,
en que nuestros ojos miran,
queriendo verte, sin verte,
y nuestras manos te buscan,
sin alcanzar a tocarte.
Hazte presente, Señor,
que nadie muera de hambre,
quédate junto a nosotros
como los dos de Emaús,
te pedimos:
¡Quédate, otra vez esta tarde!
Que seamos administradores fieles
que sepamos repartir;
como María Ana hizo,
lo que tu nos entregaste
lo que es de todos, Señor,
lo que para todos llega:
El regalo de tu cuerpo
y de tu sangre.
LOS RETRATOS DE MARIANA
Como hemos dicho todos los biógrafos de María de Jesús coinciden en su descripción: no era alta, de complexión menuda, graciosa en su porte y con gran encanto. Tres son las indumentarias que marcan su aspecto. Siendo muy joven ella misma dice. «tuve mis cabecillas y sueñecillos en orden a la doble compostura… aunque mi vestido siempre fue honesto y recatado». Cuando su familia le castiga por rechazar a su pretendiente, la privan de vestidos de importancia.
Decidiendo entregar su vida a Dios, adoptará un sencillo y austero vestido negro acompañado de un manto del mismo color para usar en la calle.
Su tercer y último atavío será un hábito blanco de la Merced cuyo uso siempre declinó a pesar de pedírselo el Padre General de la Orden. Ella solía decir que no era necesario que las mujeres usaran hábito por las calles, pero sí en el corazón.
Será un día rezando ante María de la Merced en el convento de Santa Bárbara, cuando entiende que es la Santísima Virgen quien se lo pide, por eso consintió en llevarlo imponiéndoselo el Padre General, el 4 de abril de 1613.
También podemos conocer la fisionomía a través de las pinturas y esculturas que se conservan de ella, si bien es cierto, como dice uno de sus mejores biógrafos, el mercedario P. Elías Gómez Domínguez, que todos son realizados cuando Mariana ya no es joven y está destrozada por la enfermedad que fue deformando su porte y dejando huellas en su rostro.
Personalmente quien escribe estas líneas, cree que la más bellas representaciones conocidas son la ya citada escultura de la Parroquia de Santiago donde fue bautizada o el busto que se conserva en el Museo Nacional de escultura de Valladolid que según Francisco Cossío, que fue directos del referido museo, pudo ser realizado por Pompeyo Leoni. Esta representación se hizo cifrando Mariana los 40 años. Es una escultura realista que denota una fuerte personalidad. Han llegado a nosotros también varios retratos realizados por Carducci y las mascarillas que hizo este artista una vez fallecida Mariana;dos de yeso y una de plomo y que se hicieron por expreso deseo de la reina quién envió al pintor al lecho de muerte de nuestra santa para que realizase una pintura, algo que no pudo hacerse, pues ella, al advertirlo, lo impidió.
Existen también diversos y muy bellos grabados y alguna que otra pintura hecha con motivo de su canonización.
Pero el verdadero retrato de Mariana de Jesús es el que se desprende de su quehacer, de su espiritualidad, de esa entrega incondicional que ella hizo de su vida y que se proyecta en los consejos, gracias y milagros que realizó con cuantos se acercaban a ella.
Mariana de Jesús tuvo rostro de misericordia, de alegría, de amor sin medida. El rostro de Mariana fue y es para todos nosotros espejo donde se proyecta el rostro de Dios libertador.
MERCED EN EL CAMINO DE LA VIDA

La íntima unión de Mariana con Dios en la oración y el espíritu de sacrificio se proyectaron en múltiples dones. Así nos llama la atención cómo Mariana de Jesús traducía el latín y cuando le preguntaban cómo podía hacerlo ella contestaba «tengo un bellísimo maestro», también su capacidad de leer el interior de las conciencias atormentadas así como su sabiduría y prudencia al aconsejar, e igualmente las múltiples gracias e incluso milagros que dispensó a quienes a ella acudían.
En su proceso de canonización se cuenta cómo en diversas ocasiones fue llamada para curar a niños y adultos en el lecho de muerte cuando ya no se contaba con que estas personas pudiesen salir adelante. Mariana de Jesús tomaba aquellos niños en sus brazos y hacía sobre su carita y cabeza la señal de la cruz aconsejando después que les dieran alimento o los dejasen dormir ante la admiración de todos los presentes. Un milagro de los que se recogen en el proceso realizado durante su vida, fue la curación de una mujer que padecía un cáncer de senos y que acudió con su madre ante Mariana de Jesús para pedir su curación. Nuestra santa situó su mano sobre el pecho de la joven quien se apartó diciendo que le producía más dolor volviendo desconsolada a su casa, pero al llegar a la misma, la carne enferma y casi putrefacta se había convertido en tersa y totalmente sana.
Ya hemos relatado como Mariana se anticipaba a los acontecimientos adelantando lo que había de suceder como ocurrió con la canonización de San Isidro o prediciendo curaciones, fundaciones, etc.
En una ocasión una joven acudió al convento mercedario de Alarcón porque quería ser religiosa algo que, en primer momento pareció posible, pero cuando volvió al Monasterio le dieron una negativa ya que debido al número de religiosas había cambiado de situación. Llorando desconsolada acudió a Mariana de Jesús y Mariana la consoló diciéndolo que sería religiosa a pesar de todo y así la envió a un convento donde acababa de fallecer una religiosa, allí la recibieron y pudo confesar.
No se han estudiado mucho las enseñanzas de Mariana, ella difundió la devoción del Santísimo Sacramento y la comunión de las Jueves Eucarísticos por lo que se la puede considerar una precursora de dicha devoción. Igualmente practicó con asiduidad la oración mental y la aconsejó a sus seguidores. La oración y la comunión frecuentes así como la devoción a María de la Merced, son las notas de su espiritualidad y en toda su doctrina y en su propia autobiografía, escrita por mandato de su confesor, se puede señalar sencillez y claridad así como una gran sensibilidad que se observa sobre todo en la composición de versos unos impresos y otros no. No fue mística, sus versos son didácticos, recogemos algunos de sus tercetos de la humildad:
En la casa de humildad
no hay edificios curiosos
son bajos y provechosos.
Y para que sea firme y fuerte
y cimiento de humildad
mira tu fragilidad
Recogemos también el séptimo y décimo terceto:
Jamás no tiene memoria
he humilde pensamiento
je jactancia o vanagloria.
Conocerás tu flaqueza
tu vileza y poquedad
con la virtud y humildad.
Estos cuatro tercetos, lo mismo que los siete restantes aparecen en el proceso de beatificación y concretamente la séptima estrofa la recogieron los Padres Presentación y Castro tal y como las dictó a Catalina de Cristo, su compañera.
También queremos citar el «Poemas a las virtudes». Poema de ocho estrofas compuestas de tercetos octosílabos y de redondillas. Presentamos la primera y segunda de ellas:
¿Cómo seré más prudente?
Obediente.
¿Cómo mi vida se engasta?
Casta
¿Cómo seré que más sobre?
Pobre
Pues mi Dios, vuestro amor obre,
que para no me perder,
no hay, juro, mejor que ser
obediente, casta, pobre.
¿Quién causa seguridad?
Humildad.
¿Quién me corona en presencia?
Paciencia.
Y ¿Quién arrebata el cielo?
Celo.
Pues, mi Dios, a vos apelo
del mundo en quien no hay verdad,
dadme por vuestra bondad,
humildad, paciencia, celo.
Por último los Padres Castro y Presentación nos hablan de Sentencias y Avisos admirables, sencillísimos pareados compuestos también por Mariana de Jesús.
Existió además un gran epistolario en parte desaparecido. Entre otras cartas citamos las dirigidas al Cardenal Trejo y Paniagua, al dominico Andrés de la Puente, al P. Marcos de San Lorenzo, a Doña María Luján y a Doña Mariana hermana de Felipe IV, entre otros. El tema de estas cartas y otras muchas es variadísimo, pero abundan las recomendaciones hechas a personas importantes para que socorriesen las necesidades materiales de los más pobres. También encontramos oraciones, jaculatorias y frases piadosas utilizadas en aquellos tiempos.
SE FUE COMO UN RUMOR DE ALAS
La muerte de Mariana, como su vida, fue de total entrega aceptando su sufrimiento. Ya hemos dicho como la parálisis fue quebrando y deformando su cuerpo y la tuvo postrada con total inmovilidad dos veces en su vida. Esta enfermedad se manifestó a partir de los 33 años, menguando aquel cuerpo menudo y dejándola poco a poco sin fuerza. Su entrega generosa enjugó las lágrimas de cuantos las rodeaban produciéndoles una gran paz, pero aquel cuerpo que experimentó la cruz del sufrimiento estaba destinado a la incorrupción. Mariana se fue el 17 de abril de 1624 y desde entonces hasta hoy su cuerpo continúa incorrupto. Hasta el 19 de abril no pudo ser la entrada porque tal era el cariño de su pueblo que los madrileños no consentían en darle sepultura. Hubo que cerrar la Iglesia Santa Bárbara para situar sus restos debajo del altar mayor. Allí estuvo hasta que fue trasladada en septiembre del mismo año a una capilla del lado del evangelio. A partir de este momento no se volvió a tocar el cuerpo de Mariana hasta 1627. Los médicos después de haber hecho juramento, afirmaron la incorrupción del venerale cuerpo y percibieron un suave olor que exhalaba nada más abrir la caja donde estaba depositada. Esta misma sensación se produjo el 5 de abril de 1731 en que encontraron el cuerpo igualmente íntegro, dejando que las gentes se acercaran para verla y para pasar rosarios y otros objetos de devoción. En 1765 se realizó una nueva inspección calificando la situación de milagrosa. Se volvió a inspeccionar en 1783 encontrando el cuerpo de nuevo entero, incorrupto y flexible. En esta ocasión quisieron cambiar la caja en la que estaba depositada, pero comprobaron que no cabía por estar realizada con medidas incorrectas. Decidieron los cirujanos cortar los tendones de las rodillas para doblar las piernas, pero a la primera incisión brotó abundante sangre por lo que tuvieron que cesar en su empeño y la dejaron en la urna antigua hasta realizar una apropiada.
Los Duques de Alba costearon el arcón nuevo y el hábito, retirando el que Mariana tenía puesto para hacer con él reliquias.
En 1802, bajo la presidencia del Cardenal de Toledo, otros Obispos y miembros de la familia mercedaria, se inspeccionó de nuevo el cuerpo de Mariana de Jesús y según el informe existente en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, los restos de Mariana de Jesús se hallaban en estado incorruptible. En 1809 las tropas francesas ocupan el convento mercedario de Santa Bárbara, permitiendo, de cuando en cuando, a los frailes, la entrada a la biblioteca para coger algún libro o instrumento de trabajo. Los religiosos comprobaron que el cuerpo de Mariana de Jesús estaba envuelto en unas esteras porque los franceses se apoderaron del arcón que era de plata, entonces, engañando a los soldados, envuelven el cuerpo en una sábana y lo lanzan por la tapia al convento de las Madres Carmelitas colindante de Santa Bárbara, dichas Madres Carmelitas se encuentran hoy en la calle Ponzano.

Después será depositado en la Iglesia Parroquial de Santiago, más tarde al quedar Santa Bárbara desocupada, vuelven a trasladarlo a dicho convento, pero desde allí y a instancias de las Madres Mercedarias de Don Juan de Alarcón, la Vicaría Eclesiástica de Madrid decidió fuese llevado a este convento por ser las Mercedarias de Alarcón de la misma Orden y profesión, dado que el convento de Santa Bárbara permacecía vacío y sin culto. El traslado se realizó el 1 de marzo de 1838. En Alarcón estará en el Coro Bajo de las religiosas y más tarde en la iglesia en el retablo del Santísimo Cristo del Perdón, obra de Pedro de Arnal, donde debió depositarse el 1 de mayo de 1838 después de hacer una inspección. En dicho altar estuvo el cuerpo de Mariana de Jesús hasta 1936 en que hubo de trasladarse al ser ocupado el convento y utilizarse como «checa»,

siendo llevado al Monasterio de la Encarnación donde permaneció hasta el 16 de diciembre de 1939, que fue trasladada a hombros por los Caballeros de la Merced a través de la Gran Vía hasta el Monasterio de Alarcón. Allí se depositó en el coro Bajo para volver a la Iglesia en 1962, donde se levantó un altar dedicado a Mariana de Jesús, realizado por los escultores y ensambladores santiagueses Hermanos Parcero que sustituyó al altar del Cristo del Perdón quemado como el resto de los retablos de la iglesia, pues sólo se conservó el Retablo Mayor.
Todos los 17 de abril, el cuerpo de Mariana de Jesús se expone a la veneración de los fieles abriéndose la tapa del arcón actual regalo de Doña Isabel II.
Y en el cielo de Madrid floreció una Estrella
Y te fuíste despacio,
para que apenas se notara:
era el paso de un ángel,
como un rumor de alas
El pueblo de Madrid
no dejaba enterrarte,
no quería perderte;
damas y caballeros,
frailes y menestrales,
Los Reyes y los grandes de ESPAÑA.
Y todos te pedían,
de Madrid no te fueras,
no nos abandonaras,
Y tú sonriendo suavemente,
enjugaste sus lágrima
y en Madrid te quedaste;
y nunca a la Villa y Corte
le faltó tu consuelo
tu protección y ayuda,
tu bendición y gracia.
Y sabemos que ante el trono de Dios,
bajo el amparo de la Virgen Santa,
tu pones a tu pueblo,
a los que de Madrid son naturales
y a los que llegamos de otras tierras de España
trayendo de todos los rincones el azul de sus mares,
el verde sus campos, el color de su cielo,
para que nunca de nadie te olvidaras,
porque Madrid fue ayer tierra de moros
y hoy tierra por los crsitianos conquistada
Esta villa es el corazón del solar patrio,
Todos caben en ella, porque por todos fue formada.
Y desde su cielo nos alumbra una estrella
florecida en el Olivo de Nolasco,
estrella de la Orden mercedaria ¿la conoces Tú?
Ven, ella te espera, para acercarte a Dios
para decirnos a todos, a pesar de nuestros errores,
que Él nos ama.
No, de Madrid no se ha ido, ella es su blanca estrella,
la humilde mercedaria, que como Jesús,
pasó por esta tierra haciendo el bien.
Y nos sonríe siempre a tí y a mí
enjugando, cuando sufrimos, nuestras lágrimas.
CO-PATRONA DE MADRID
No fue la Orden Mercedaria quien beatificó a Mariana de Jesús, su proceso se inició por aclamación popular (ya hemos hablado del amor que el pueblo de Madrid profesó a Mariana y el que ésta tuvo por sus gentes y su ciudad). Este hecho fue el principal impulso, pues los mercedarios nunca emplearon medios económicos para sus canonizaciones destinando todo cuanto tenían a las redenciones, pero pueblo y Orden se unirían en una tarea en la que todos participaron.
Mariana fue declarada por las gentes «santa», así podemos decir que en 1624 se efectuó el primer plebiscito del pueblo de Madrid. Su último médico, Alonso de Santiago, dice: «El mayor milagro fue el concurso de gente, los campos, las calles y no cabían en la Iglesia». Un mes después de su muerte empezó el precoso informativo de vida y milagros, declarando 152 testigos en representación de todo el pueblo madrileño y en el proceso apostólico, declararán 198: religiosos, sacerdotes, señoras y Grandes de España, artesanos, el perpetuo regidor de Madrid, el Rey Felipe IV, la Reina Isabel de Borbón y la princesa Margarita de Austria, distintas gentes de servicio, etc,… Sería muy largo entrar en todo su desarrollo, por eso comentaremos solamente que, los teólogos y canonistas de Madrid organizados en Junta en la Iglesia de Santa Bárbara el 8 del agosto de 1624, concluyeron que se podía dar culto particular y privado a Mariana de Jesús. Las gentes decían frecuentemente refiriéndose a Mariana la Santa Madre Mariana.
El 12 de octubre, el día del Pilar, de 1628 la Villa de Madrid se dirige al Papa Urbano VIII y le pide que se apresure la beatificación de Mariana de Jesús.
En el folio 248 del Libro de Acuerdos del Ayuntamiento de Madrid, en el volumen 46 se puede encontar lo siguente: «Acordase que se escriba una carta de suplicación a Su Santidad en bien de la beatificación de ña Venerable Madre Mariana…»
A partir de estos momentos las muestras de afecto y devoción a Mariana de Jesús se suceden, así en 1636 se colocó una escultura de Mariana de Jesús en la antigua Puerta de Alcalá con el Blasón de la Villa a sus pies, puerta que se derribó en 1764 para levantar la actual.

El Ayuntamiento de Madrid actuó como agente principal de esta causa ante el Rey de España, ante los Cardenales y el Papa.
También estuvo la imagen de Mariana de Jesús en la Sala Consistorial del Ayuntamiento y en su Capilla, de ello dan testimonio los PP. Dalvador, Castro y Colombo.
Igualmente su imagen también estuvo situada en el Pósito Real, lugar para almacenar la harina de la capital en la llamada capilla del Pósito situada cerca de Recoletos.
Hoy recuerdan a Mariana de Jesús la plaza de su nombre, la Parroquia (En esta Iglesia, la escultura de María Ana de Jesús que preside el prebisterio, obra de Juan Pascual Mena, fue donada por la MM. Mercedarias de Alarcón) de la que es titular inagurada después de la Guerra Civil y el Hospital de la Beata Mariana de Jesús regentado por las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón.
Han existido en Madrid cofradías bajo su advocación, de ellas se conservan sus estatutos y se espera poder volver a reorganizarlas.
El proceso de su beatificación es muy extenso dado la cantidad de testigos y escritos que se estudiaron. En él quedó demostrado el grado heroico en que practicó las virtudes y se constataron los milagros realizados. Especialmente se tuvieron en cuenta los acaecidos después de su muerte sobre todo la curación del soldado Pedro Fernández a quien el Señor curó por mediación de Mariana de Jesús, Éste tenía una pierna totalmente atrofiada por la parálisis, Pedro acudió a Mariana y situó su pierna sobre el arcón donde reposaban sus restos, orando con fe a la Sierva de Dios, quedando curado de repente y de forma perfecta.
Las fiestas de beatificación se llevaron a cabo primero en el Vaticano y después en Madrid, pero no solo en esta ciudad sino en muchos puntos de España y de América.
Hay cinco Cardenales que contibuyeron a la beatificación: Trejo y Paniagua, Casante, Beyuga, Porto Carrero y el italiano Rezzonico. Pero junto a estas personalidades y a otras muchas que no citamos, está su pueblo de Madrid quien contribuyó en gran medida a que Mariana fuese «procesada» por santa. Madrid tiene dos patronos, Isidro Labrador y Mariana de Jesús, ambos ligados a esta tierra, centro de la piel de toro donde se unen gentes de toda España, del norte y del sur, del este y del oeste. Madrid es crisol y corazón de pueblos. Hoy Madrid sigue abriendo sus puertas, a los hermanos de América, pero también africanos y a asiáticos, la ciudad sigue creciendo ¡ojalá que sepamos mirar la luz de su gran estrella: Mariana de Jesús! luz que nos acerca a Dios.
Sus biógrafos la llamaron azucena, corona y estrella de Madrid y lo es…
Madrid guarda un tesoro ¿lo conoces? es una inmensa estrella de blanca luz, una humilde mercedaria llamada Mariana de Jesús
Orden de la Merced liberadora,
blanca tienes el alma,
como los lirios que se estrenan,
como la aurora que despunta,
como tu escapulario,
blanca.
Orden corredentora
roja,
cuerpo entregado de tus hijos
y sangre derramada,
roja tienes el alma.
y el amor que quebró toda cadena
alumbró la esperanza desde el siglo XIII al XVIII
escribiendo tu hazaña.
Orden, de Cristo imitadora
te obliga tu nobleza
a no finalizar aún tus páginas,
todavía existen grillos y cadenas,
sé otra vez de los hombres esperanza.
Sus voces rotas, sus manos extendidas
piden amor, te llaman.
¡Amor, cómo suena tu nombre!
Nolasco hizo que fueras de la Orden su gala
haz que hoy al servicio de la Iglesia
sepamos consumimos como llamas.
Y por el hombre demos lo que somos
la vida como canto,
la vida… Cuerpo entregado y sangre derramada
y en aras de libertad como Nolasco seamos redentores
cuerpo entregado y sangre derramada.
Virgen de la Merced, sé por nosotros,
para este siglo torturado,
un nuevo canto de vida y esperanza.
FESTIVIDAD DE MARIANA DE JESÚS COPATRONA DE MADRID
Como foco de indiscutible atractivo para autóctonos y foráneos, se levanta imponente la Puerta de Alcalá a la que cantaron, popularizándola si cabe más:
«Mirála, mírala…
Pero los mercedarios no podemos dejar de recordar la derribada por Carlos III para construir la actual, cuya reprodución podemos ver en la Hemeroteca Municipal. Era una puerta barroca con hornacinas en ambas caras, desde ellas San Isidro con su mujer, Santa María de la Cabeza y la Beata Mariana con la Virgen de la Merced y San Pedro Nolasco en el lado opuesto, guardaban la entrada a la Ciudad. A esta cara de la puerta se le llamaba el Retablo Mercedario.
En el grabado de la Hemeroteca, se recoge la tradición de que por ella pasó San Pedro Nolasco,pero Nuestro Santo Padre en el siglo XIII pasó por la anterior, por esta puerta del siglo XVII pasaron sus hijos los mercedarios, con los cautivos redimidos en tierras africanas, camino de los conventos de la Orden para realizar el voto de Acción de Gracias. Todavía una calle, ya citada, del entorno nos recuerda este hecho, la Calle Libertad que conduce al Monasterio de Las Madres Mercedarias de Góngora.
El tiempo ha pasado, la ciudad ha crecido y el recuerdo de esta madrileña de pro, Mariana de Jesús, se ha ido desdibujando, pero ella fue y seguirá siendo, hija predilecta de Madrid y santa donde las haya. Todavía un hospital, una parroquia y una plaza nos recuerdan a aquella incomparable mujer que hizo de su entrega a Dios una opción de servicio a los más pobres y a los más necesitados del consuelo y remedio en su soledad. Su caridad llegó a todos y a todos fue regalada.
Y hoy aunque no podamos contemplarla en la antigua Puerta de Alcalá ella sigue velando por su ciudad, y todos los 17 de abril Madrid tiene el privilegio de poder verla pues se abre la tapa superior del arcón forrado de tisú, obsequio de la Reina Isabel II, ya que el anterior de plata, costeado por la Casa de Alba, lo robaron las tropas francesas. A través de un cristal podemos ver año tras año su cuerpo que sigue exhalando una característica fragancia y continúa incorrupto igual que en la primera inspección que se hizo de su cuerpo en 1627.

Muchas fueron las inspecciones médicas que se le practicaron, la última en 1966, comprobándose siempre que mantiene flexibilidad en sus miembros.
El 12 de octubre de 1628 el Ayuntamiento de Madrid, pide al Papa Urbano VIII, que se active la Beatificación de Mariana de Jesús y a partir de aquí, serán el Ayuntamiento y el pueblo de Madrid los principales artífices de su Beatificación.
También colocará su imagen en 1636, en la antigua puerta mencionada hasta que es derribada en 1764. Por fin en 1783, el Papa Pío VI firma Decreto de Beatificación y Madrid celebra este hecho con grandes fiestas. Y al ser Beatificada la proclamará copatrona de la ciudad con San Isidro, según se había convenido previamente en una sesión del Ayuntamiento, como puede comprobarse en los Libros de Acuerdos del mismo.
A la muerte de Mariana de Jesús, Madrid se conmocionó, los Reyes quisieron un retrato y para ello acudió un pintor a su lecho de muerte, pero ella no se dejó pintar, por eso encargaron a Carducci que realizase una mascarilla. El plomo, a altísima temperatura, quemó parte del rostro conservándose dos de las carillas que se hicieron en ese momento. Los biógrafos dicen que Mariana que era pequeña y graciosa, de una gran amabilidad que ganaba a todo aquel que se acercaba a ella.
El 17 de abril Madrid celebra su fiesta, la Villa y Corte no puede olvidar a quién fue denominada Azucena, Corona, Tesoro de la Ciudad y Estrella de Madrid por sus distintos biógrafos. Todo el día desde las 10 de la mañana hasta las 9,30 el Monasterio de MM. Mercedarias de Don Juan de Alarcón, situado en la calle Puebla, 1 (Metro Gran Vïa), tiene la Iglesia abierta para que puedan visitarla cuántos madrileños lo deseen, celebrándose una Eucaristía solemne a las 8 de la tarde. Al finalizar los niños y jóvenes realizan una ofrenda floral a la que fue y sigue siendo Regalo para nuestra ciudad.
Hoy, Madrid no es tan distinto en necesidades de aquel Madrid del XVIII que Mariana recorrió: indigentes, parados, emigrantes, pobreza humana y social. Es un Madrid que mucho necesita y que mucho espera, y ella seguirá ayudándonos, seguirá, como dice uno de sus himnos:
«Mariana de Jesús,
intercede al Señor por tu pueblo
que te implora postrado a tus pies»
Muchos madrileños conservan vivo su recuerdo. Tu ciudad te beatificó, será tu ciudad quien trabaje por tu canonización. Madrid y la Orden de la Merced te lo deben.
Mª de los Ángeles Curros y Ares O. de M.


